Iniciación a la Meditación – Clase 1

Concepto de Meditación

La palabra “Meditación” proviene del vocablo en Latín “meditatio” que hace referencia a un ejercicio intelectual, el ejercicio de concentrar la mente en determinada cuestión, ya sea un pensamiento, una cosa, o la observación de estos.

Observar conlleva un ejercicio sensorial. Esto es, la utilización de uno o varios sentidos para poner la atención sobre un objeto, conocerlo, incorporarlo a nuestra consciencia. Los sentidos básicos para ello son la vista, el oído, el tacto, el gusto y el olfato. Muchas personas nacen con todos ellos, otras con sólo algunos. Pero todos tenemos la capacidad de desarrollarlos y ampliarlos siempre que dispongamos de nuestra consciencia.

La consciencia es la capacidad de conocer algo. Sin consciencia no podemos incorporar la realidad a nuestro sistema, de allí a que las personas en coma –una alteración de la consciencia-, o con ciertas enfermedades orgánicas, estados o trastornos mentales, no puedan incorporar nuevos conocimientos, almacenarlos en la memoria, evocarlos, transformarlos, enriquecerlos. Es decir entonces, que se puede disponer de un sistema sensorial intacto que sin consciencia no servirá de mucho.

La consciencia puede ser voluntaria o involuntaria. Es voluntaria cuando decidimos “prestar atención” a algo, llevar una cuota de energía a ese evento para  conocerlo o saber de qué se trata. Y es involuntaria cuando simplemente recibimos estímulos sensoriales con un contenido que conocemos o no, pero sobre los cuales no ejercemos ninguna acción. Por ejemplo, si voy viajando en el tren y decido mirar el paisaje por la ventana, estoy prestando atención conscientemente al paisaje y a lo que ven mis ojos –y a su consecuente respuesta emocional, psíquica, etc.-, y al mismo tiempo mi sistema recibe el movimiento del tren –estímulos cinéticos-, la postura de mi cuerpo –estímulos quinestésicos-, olores, el sonido del tren, de la gente conversando, de los vendedores que pasan, etc., etc., etc. Todos estos últimos los recibo porque no puedo cerrar mi sistema sensorial para que no ingresen, pero no estoy prestando atención a ellos. Si así lo decidiera, quizás el paisaje de afuera pasara a un segundo plano, y lo vería con mis ojos sin luego recordar lo que ví, ya que estaba prestando atención a lo que vendía el señor que pasaba por mi costado.

Entonces, la consciencia nos permite a través de nuestros sentidos, hacer un recorte de la realidad, y ubicar allí nuestra energía psíquica para percibirla, incorporarla, modificarla, tomarla, dejarla, etc. De otra manera, si no pudiéramos hacer este recorte, y si todo el día estuviéramos percibiendo como importante toda la realidad al mismo tiempo, probablemente nuestra mente colapsaría. No es casualidad que los principales trastornos mentales inicien por una alteración de la consciencia, de la capacidad para integrar la realidad externa en nuestro mundo interno.

Pero, ¿para qué nos sirve saber todo esto a la hora de meditar? Ya que “meditar” es un ejercicio mental, tenemos que interiorizarnos un poco en ella, saber qué se entiende por “mente”, qué la compone, para qué sirve. La consciencia es parte de la mente, es en realidad la mismísima mente, ya que sin ella no hay conocimiento posible. Recordemos que para conocer algo tenemos que ser capaces de incorporarlo a nuestro sistema, retenerlo, recordarlo, evocarlo, por ello la memoria es otra parte fundamental de la mente.

En la memoria se almacena nuestra vida. Sin memoria no hay vida posible en esta realidad. Tomemos consciencia de esto: sin memoria no podríamos levantarnos a la mañana y vestirnos, saber quiénes somos, para qué sirve nuestro cuerpo, y las cosas que nos rodean, quiénes son las personas que nos acompañan, qué estoy haciendo en este lugar, etc. Sin memoria no hay realidad, porque ésta está construida por nuestra memoria.

Vamos a detenernos en este concepto, el de realidad, para entender algo que es muy complejo pero que es la base de toda práctica de autoconocimiento consciente. La realidad es una construcción de la mente. Desde el minuto en que nos constituimos como seres vivientes en el vientre materno, comenzamos a recibir información que proviene de nuestro entorno físico.

Estos estímulos se comienzan a procesar de a poco, pero todo se almacena en una memoria primitiva; no hay nada que esté excluido: imágenes, sensasiones físicas, sonidos, temperaturas, aromas, sabores. Pero también se almacena la energía de todo lo que nuestra mamá nos transmite, esto es, emociones, sentimientos, pensamientos, palabras pronunciadas, etc. Todo este contenido nos va dando material para construir una realidad, poco a poco, al salir al mundo físico exterior. Una vez nacidos vamos desarrollando los sentidos a partir del contenido intrauterino, y del nuevo contenido que vamos incorporando ahora en este mundo exterior. Vemos aquí todo lo explicado anteriormente, el ejercicio de la consciencia y los sentidos, ya desde muy temprano nos construye.

Van pasando los meses y los años, y nuestro entorno va dándonos cada vez más material para construir la realidad. Nos conocemos, conocemos nuestro cuerpo y sus posibilidades; también las del otro como ser diferente de mí mismo; las de la realidad física que nos rodea. Aprendemos a cada minuto cómo funcionan las cosas, para qué sirven, cómo se llaman. Pero todo esto depende en gran parte de quienes nos acompañan, de dónde vivimos y cómo, de las rutinas, y por supuesto de las posibilidades con las que nacemos. A veces las posibilidades físicas están limitadas, pero eso no impide que podamos desarrollarnos y adaptarnos al medio físico.

Volvamos al concepto de realidad. Decíamos que la realidad es una construcción de la mente. Entendemos que es así si damos cuenta de que todo lo que sabemos está en la mente; todo lo que conocemos de la realidad debe atravesar los sentidos de alguna manera, si no, decimos que “no existe”. (En este momento del curso hacemos un punto en este tema pero más adelante tomará un nuevo sentido).

Entonces, si la realidad la constituye la mente, y la mente es parte de nosotros, nosotros somos la mente y la realidad es nuestra mente. Simplificando: somos uno con la realidad, somos uno con el todo. A este todo podemos llamarlo realidad, o ir más allá y llamarlo universo, lo cual incluye absolutamente todo, el mar de posibilidades infinitas.

universo

De esta forma, la meditación es el ejercicio de tomar consciencia de nuestra propia consciencia. Prestar atención al poder que tenemos para cambiar nuestra realidad y constituirla a partir de esas infinitas posibilidades que nos brinda el universo.

Para meditar no es necesario creer en ninguna divinidad con nombre específico, ni practicar ninguna religión.

Para meditar solo te hacés falta vos mismo, tu consciencia y tu voluntad.

Clase a clase aprenderemos técnicas que facilitan el proceso de trabajar la consciencia y la atención. Pero primero, tenemos que conocer cómo las estamos utilizando ahora.

Ejercicios de la Clase 1

(Los ejercicios corren por cuenta del practicante. No serán evaluados ni juzgados como bien o mal. Pueden realizarse o no; todos o algunos. Como sugerencia se puede tener un cuaderno donde registrar experiencias importantes que se deseen conservar-no es obligatorio-)

  • Tomar consciencia en la vida cotidiana de la atención que presto al realizar cada actividad, ya sea trabajar, viajar, cocinar, comer, leer, estudiar, tomar una foto, hablar con alguien, etc. Recordemos que tomar consciencia implica llevar la atención hacia dichas actividades a través de los sentidos.
  • Observar qué sucede a nivel emocional al tomar consciencia de una situación o actividad. Si aparece un sentimiento o emoción. (ya se trabajarán más profundamente estos conceptos).
  • Elegir alguna situación u objeto a los cuales observar. Puede ser un objeto desconocido o conocido, una foto, o un lugar donde sentarse a observar una escena o paisaje. Tratar de simplemente observar hacia dónde va la mente, qué retiene, que emociones surgen, qué recuerdos aparecen, que sensaciones físicas, etc. No esforzarse por retener todos los detalles, simplemente observar el ir y venir de la mente, sin juzgarse, sin someterse a tener que cumplir determinado objetivo.

¡A trabajar! ¡Que tengas una buena semana!

Descargá aquí el pdf INICIACION A LA MEDITACION – Clase 1

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