Iniciación a la Meditación – Clase 7

Visualización guiada

 

La visualización o imaginación guiada se trata simplemente, de crear imágenes mentales a partir del relato que oímos, o con el tiempo, a partir de nuestra propia intención, imaginando aquello que deseamos o necesitamos visualizar. Con el tiempo bastará cerrar los ojos y dejarnos guiar hacia las imágenes que requerimos para relajarnos o descubrir un determinado aspecto de nuestro interior.

Toda imagen que se produce en nuestra mente durante estos ejercicios,  como está dotada de consciencia –es decir, que la estamos produciendo y percibiendo voluntariamente- presenta suma importancia para nuestro psiquismo –mente- y para todo nuestro ser. ¿Por qué? Porque toda manifestación mental, emocional, física, es una representación del espíritu, algo que el espíritu nos quiere comunicar. Luego tendremos que decodificar su mensaje a través del pensamiento racional, analizando nuestros síntomas, nuestras imágenes, nuestros sueños, etc., etc. Entonces: toda manifestación proviene, en realidad, del alma. Es más, si vamos a las raíces, la palabra psique, -de la cual derivan psiquismo, psicología, etc.- significa alma. El alma se expresa a través de la mente y del cuerpo y cuanto más podamos escucharlo y comprender sus señales, más en concordancia con él podremos vivir.

Es así que  la imaginación guiada, a pesar de que otro nos indique qué es lo que vamos a imaginar, también nos está dando indicios de nuestro interior. Toda esa información, si estamos interesados en realizar un trabajo interno favorable, debemos conscientizarla y anotarla para poder comprenderla y retrabajarla posteriormente.

A medida que visualizamos, nuestro cerebro construye imágenes que “vemos” en nuestra pantalla mental con los ojos cerrados. Esta imágenes, así como sus características –colores, luces y sombras, aromas, sonidos, texturas táctiles, etc.- son interpretadas por el cerebro como si estuvieran siendo vividas en el momento. De la misma forma sucede con los recuerdos: cuando recordamos un episodio, el cerebro vuelve a revivir el momento tal cual y como se vivió en ese entonces, con todos sus sentimientos y emociones. Es por esto que revivir episodios dolorosos o traumáticos, causa tanta angustia y stress. En el cerebro, se activan las mismas áreas y redes neuronales que si estuviéramos viendo, oliendo, escuchando, tocando o saboreando verdaderamente.

Por estos motivos la visualización tiene un poder magnífico. Pero como toda práctica que comenzamos a incorporar a nuestras vidas, puede ser dificultoso al principio imaginar con claridad y detalles, o sostener el ejercicio durante varios minutos sin distraerse. Es así que necesitamos para comenzar una guía clara y concreta que nos permita crear pero a la vez nos sostenga para que la mente no divague.

Aún así puede ser que el psiquismo nos presente una determinada imagen que necesita salir, esto quiere decir que hay algo a lo que debemos prestarle atención, darle valor, darle consciencia, luz. Tomaremos la imagen, la observaremos y recordaremos, pero trataremos de mantener nuestra posición de observadores pasivos, sin juzgarnos, ni preocuparnos. Todo lo que emerja es válido; nada es bueno o malo, sino que simplemente es una expresión de nuestro interior. Al meditar y realizar ejercicios de visualización, estamos abriendo la puerta para que el alma se muestre y nos indique el camino. Queda en nuestras manos decidir qué hacer con esa información. Siempre paso a paso, escuchándose, respetándose y trabajando día a día.

Siempre antes de comenzar un ejercicio de visualización elegiremos el momento y lugar adecuado, uno en el que no seamos interrumpidos hasta terminar, cuando no estemos muy cansados, y también el lugar, para estar cómodos y en silencio. Podemos agregar sahumerios, velas, apagar o bajar las luces.

Optamos por una postura de meditación que nos sea confortable, cerramos los ojos y comenzamos a tomar consciencia de la respiración. Incorporar un pranayama en este momento y sostenerlo unos cinco minutos al menos, es muy buena idea, ya que este prepara la mente para despejarse y abrirse al ejercicio.

Recordemos que si bien estamos trabajando con la mente, ésta suele defenderse de todo   lo que pueda alterar la aparente quietud del sistema; ningún ejercicio o actividad que venga a develar el interior será fácil de entrada: la mente se resiste a bajar la represión; éste es un mecanismo necesario para que la persona no esté día y noche angustiándose a causa de recuerdos y experiencias traumáticas. Entonces la mente los esconde, los guarda en el inconsciente hasta que comenzamos a querer saber más sobre nosotros mismos y optamos por hacer psicoterapia, yoga, meditación, reiki, terapia floral, etc., etc.

Luego de respirar conscientemente unos minutos podemos elegir un mudra, preferentemente se utiliza chi mudra, pero se puede ir probando con otros para comprobar sus efectos o la comodidad que presentan durante el tiempo de ejercicio. Una vez en calma, comenzaremos a escuchar la visualización guiada.

Al finalizar, anotaremos todo lo que nos haya parecido importante, todo aquello a lo que le hemos dado atención y consciencia. Puede pasar que luego de un ejercicio de este tipo, algo de lo emergido allí nos sea útil en nuestra vida los días posteriores. Nunca se sabe cuándo un mensaje o una señal pueden estar anticipándonos algo: una decisión a tomar, un camino a elegir, una persona con la cual reencontrarse. Así también puede suceder que comiencen a hacerse más presentes las señales en los sueños nocturnos, las sincronicidades –“casualidades”-, etc., ya que nos estamos abriendo a percibir más allá del mundo que consideramos real y eso es muy favorable para avanzar en el camino del autoconocimiento.

¡Comencemos!

 

¡A seguir trabajando!

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